Propuestas Vegap 2016

Círculo de Bellas Artes
septiembre 2017

 

Imágenes cortesía de Markus Schroll©

Hay más espiritualidad contenida en una lágrima derramada que en todos los libros sagrados. El trabajo de Rubén Rodrigo consigue, a los ojos de nosotros los mortales, que la pureza del color se transmute en deidad. Las delicadas imágenes que crea convierten nuestras sensaciones en un misterio sin resolver.

Partiendo del trazo único, tal como describe el término japonés que acuña la exposición, el artista logra visiones místicas monocromáticas como instrumento para alcanzar su paz interior.

Los colores básicos, elegidos por Rubén Rodrigo, el azul, el verde y el rojo aluden tanto a la iconografía de la Trinidad como a la naturaleza, y a la sangre que sobre ella han vertido desde siempre las religiones. Las manchas de pigmento son finas como la piel de las vírgenes. Podría decirse que la obra de este artista es, a su vez, una nueva Anunciación de Fra Angelico, donde la gama cromática también está dominada por esta tríada que nos revela la llegada de algo mejor.

A lo largo de la Historia del Arte estos tres colores nos han educado para reconocer a dioses y santos, a profetas y filósofos y a toda la idiosincrasia que rodea a las figuras que tienen que destacar por sus acciones y valores sobre un lienzo en blanco.Los pigmentos que resbalan por las telas que se exponen trazan en su devenir el rastro del sufrimiento que arrastran las lágrimas, la sangre y la bilis derramada que nos han traído hasta aquí.

La resolución de los procesos pictóricos no es más que una peregrinación metafísica por todos y cada uno de los conceptos aprehendidos por el artista durante su carrera, tanto profesional como personal. Sólo su honestidad puede salvarlo. La trascendencia con la que ha conseguido plasmarla será la clave de su éxito. Y forma parte de la respuesta de los espectadores buscar en nuestra mirada la fe que completaría las obras hasta convertirlas en verdaderas revelaciones.

De una pureza que de tan exquisita resulta casi hiriente, los lienzos nos transportan a una nueva religión, sin más evangelio que la sencillez, donde los colores son esas deidades a las que debemos adorar.
Rubén Rodrigo logra unas lágrimas de Van der Weyden tan contemporáneas que atisban en su pausado fluir un futuro imperfecto.
Sin distracciones de ningún tipo y con las exactitudes que a veces nos regala el azar, Sumi_RGB habla de un proceso de improvisación que gracias a su pericia se torna regla.

Los trípticos son nuevos descendimientos, donde podemos buscar las respuestas al dolor y a la vida.
Un camino que nos sumerge en un trance estético donde poder regocijarse en el hedonismo que ofrece siempre todo lo puro.
 Sumi_RGB es esa búsqueda del milagro en los lunes que desea cualquier romántico que ha conocido la muerte de Dios a manos de Nietzsche. Imposible no tener esperanza.

María Touceda Pérez